viernes, 13 de abril de 2012

Las Cinco Lágrimas


N
ada de lo que se conoció en un principio fue olvidado; esa mañana despertó con aquellas tres piedras rojas que prometió cuidar, esas que en su interior reflejaban el inicio de la pasión.

Su nariz se posaba en la almohada, juraba haber dormido envuelto en el perfume de su piel, sin embargo cuando abrió sus ojos vio la realidad. Estaba solo, desprotegido, abandonado… así derramó la primera lágrima del día…
 
 
“Las Cinco Lágrimas”
Se piensa que cuando ocurre un daño, debe ser superado para seguir adelante, y luego enfrentar las mareas que siguen. Tal no era el caso; y mucho menos en aquella jornada donde se cumplían dos años de haberla conocido. No obstante en aquellas noches iniciales de duelo había confeccionado su disfraz, hecho de sonrisas y miradas amistosas. Y a través de él cruzaba la rutina. Altivo, poderoso, autoritario, inteligente, ímpetu y ambición de progresar hora tras hora… visión y alcance. Se había comprometido a construir el Imperio.
“Ironía”… hasta sus ojos engañaban… “dulce tragedia”… porque por dentro se hallaba todo lo contrario a lo que demostraba; como un niño desamparado que busca a su madre. Un corazón que marchaba lento cuando golpeaban los recuerdos, y acelerado en momentos de querer encontrar alguna explicación.
Caminó por la gran ciudad hasta su trabajo, podía ver en cámara lenta a la multitud siguiendo su rumbo, pero su reloj mostraba que los segundos pasaban más rápido de lo normal. Nuevamente afirmó que no tenía el mismo tiempo que los demás, sonrió, no hacía falta que el Destino se lo señalara… era inevitable.
Aunque apurado estaba, en unas cuadras sus piernas se detuvieron. Que más da llegar unos minutos tarde a la oficina, podría estar contemplando horas aquel restaurante donde cenaron por primera vez juntos. Fue su segunda lágrima en ese momento.
Durante todo el día se encerraba entre diversas paredes de oficina; se desenvolvía en reuniones y estudios, manifestaba mantener la mente ocupada. Pero ese día se había programado para sacarle el mayor provecho a su disfraz, porque su alma se dedicaba a buscar cualquier consuelo aunque absurdo fuera, y le dictaba:
“Es posible detener la pérdida de quien realmente queremos, basta con encontrar aquella falla en el sistema… hay algo que todavía no evolucionó y debería haber ocurrido. Si nosotros creamos a los dioses ¿por qué no podemos ser uno de ellos?”
Y él seguía con su elegante discurso a los clientes, dando a conocer un producto de la compañía. Su voz interior seguía. “Hay algo que está mal”.
Así, terminó su labor en esa sala. Con sonrisas despidió a los presentes. Se dirigió al baño, como espantado por una situación y se miró al espejo. “No te conformas solo con haber cambiado”.
Mojó su rostro con agua, se sentía un vanidoso del progreso, sus clientes habían quedado muy conformes y aceptarían la propuesta. Agarró papel. ¿Para qué secarse ahora? Si sabía que la próxima lágrima se asomaría. Cayó en su mano; significaba su orgullo y la mezcla de no poder compartirlo con ella.
Luego se sentó en su escritorio. Hurgó papeles, algunos eran laborales, otros eran los de su proyecto… extraño, porque no coincidía en nada de lo que él se dedicaba. Se encontraba nervioso, hasta a veces temblaba, sus ojos estudiaban cada frase de las hojas, se hundía en un mundo poco usual en los días de hoy… diarios y revistas también cubrían parte de su cubil; y todas indicaban un solo tema: “envejecimiento celular”.
Así pasó el día… tan joven de apariencia pero envejecido en mente, planificaba lo que aún no se había podido obtener. Juego de palabras y fantasías que él podía llegar a hacer realidad, límites que lograban romperse, sistemas que podían cambiarse y regenerarse… “Fran Dylan”… dentro de esas cuatro paredes había dejado de ser un diamante en bruto; llegaría ese momento de gritarle al mundo con toda soberbia que era mucho más eficaz que el mismísimo Señor Todopoderoso, creador de la vida. “A mi me podrán ver día a día… a ÉL no”.
Y cuando cumplió con su horario, acomodó unos documentos y entre ellos encontró fotos de ella… la acarició, le habló del Imperio que le construiría, de su voluntad para no caer nuevamente en la depresión, le prometió no rendirse… hasta el último suspiro, y la mirada final, donde viera ese gran baluarte construido… solo ese día, cuando todo estuviera completo, él podría partir en paz. “Tantas noches juntos y me olvidé de decirte que sin ti me moriría”. Así se desprendió la cuarta lágrima.
 
 

Noche_

Había salido a cenar con sus amigos… “los Nuevos”, se decía. No podía reemplazar a aquellos de toda la vida, quienes habían quedado en su pueblo… pero había logrado asimilar su posición y se mostraba verdaderamente social.
Se divertía, reía, hablaba, contaba historias, escuchaba anécdotas. Pero de repente tuvo un desliz de rápidos recuerdos…
Tomó unas copas de buen vino, de esa bodega que “ella” le había hecho conocer.
Y cuando terminó de comer acomodó los cubiertos de manera formal, como “ella” se lo había enseñado… “pensar que nunca le hice caso a ese protocolo… no solo significaba buena educación, era más”.
Y miró el tenedor, recordó que había traído uno de su pueblo que usaba desde niño. Se lo había olvidado en la casa de “ella”.
Empeoró el momento de la nada, una cosa llevaba a la otra… cuando las voces de “ella” se clavaron una a una de manera demoledora, como puñales en todas partes de su cuerpo. Un “te quiero Fran”… “no imagino la vida sin ti”, “te voy a cuidar siempre”, “nunca te voy a abandonar”. Cuando se le acercaba al oído vestida de gris y le susurraba con miedo: “te amo”.
Pero seguía sonriente y su alma le volvió a hablar. “¿Por qué no estás aquí, compartiendo con mi gente?”.
Más tarde, en su casa… seguía con sus inauditas investigaciones. No paraba ni un minuto, se mantenía ocupado desde que despertaba hasta que el sueño lo vencía, y ya no era como antes, dormía apenas tres o cuatro horas. “Debería encontrar también la manera para que la gente no duerma… dormir es perder el tiempo”.
Miró hacia la ventana, estaba nublado y tormentoso; se exaltó y salió al balcón. Fran adoraba esos climas junto a ella, sobre todo cuando pasaba un martes, el cual dormían siempre juntos… y esa misma noche era martes. Le pidió por favor al Destino que no le regalara lluvia, no sin ella… cualquier día de la semana, pero nunca más éste. No obstante los relámpagos iluminaban su rostro. “No, no lo hagas”.
Hasta que el cansancio golpeó sus puertas, luchó unos instantes más, pero no pudo. Y en vez de dormir, decidió otra cosa…
Salió de su piso y subió las escaleras hasta la alta terraza; allí, como por arte de magia, la tormenta había cedido. “Gracias, Destino”. Se paró sobre la cornisa, allí al borde del peligro y la locura… un paso atrás era la vida, y uno adelante la muerte. El viento acariciaba su rostro. “No puedo soportar el sufrimiento, y aunque me digan que me entienden, no saben lo que hoy cargo por dentro”.
¿Por qué pasan las cosas que pasan?
Dejó caer la quinta lágrima al vacío. “Todavía no me animo a explicarle a mi corazón que la perdí… de hecho, creo que nunca voy a hacerlo… por respeto”.
Hizo un paso hacia atrás; “el dolor golpea mi ser y mi presencia, pero no va a llevarme, no ahora… hay mucho por hacer en tan poco tiempo”. Sacó las tres piedras rojas de su bolsillo, y nuevamente miró hacia el abismo. Solo él y nada más que él sabe por qué lo hizo… pero con todas sus fuerzas las lanzó… y vio cómo brillaban bajo la luz de la Luna hasta que desaparecieron en lo profundo de la noche.

 

11 comentarios:

  1. Que bien Diego..que la Estrella siga brillando e inspirando en el universo que tenes dentro...éxitos! Ruth

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  2. Intenso,triste, “Todavía no me animo a explicarle a mi corazón que la perdí… de hecho, creo que nunca voy a hacerlo… por respeto”.Es una frase demasiado hermosa!

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  3. Este relato me emociono, contemporáneo.. realista, me identifique con algunos de los fragmentos, sentí el dolor del personaje. Tus escritos son muy buenos. Sos talentoso. Felicitaciones :)

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  4. Me gusta el estilo que manejas,a veces arremolinado y elegante,otras veces mas ordenado y delicado. Es algo interesante encontrar un blog de escritos que valga la pena en la web, ya que lamentablemente el 90% son "otra copia mas de crepusculo"...

    Saludos

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    1. Triste y real Rainmaker, vampiros eran los de antes. Saludos!

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  5. Me encanto Diego, recién hoy he podido leer con detenimiento lo que has escrito. y a veces pienso que los hombres aman tanto o mas como las mujeres, y en este relato logro verlo.

    Espero que los txt que sigan sean tan exitosos como este.
    Saludos, Narathis.

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    1. Espero poder volver a ver un dibujo tuyo sobre estas historias. Saludos Narathis!

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  6. El destino aqui no era unico, el destino encantador detuvo la tormenta, para que el pudiera seguir su camino. Conmovedor hasta la medula... Muchos exitos, te mereces lo mejor con lo que escribis!
    No hace falta que firme.

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    1. Muy encantador no fue ese Destino. Un saludo, y gracias.

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